Literatura

                                                                   El árbol de Tayari


Nailea Mier Olivera

Mildred Sheccid Sánchez Alvaradejo

Azul Zyadane Castelán Rojas


Centro Educativo Miguel Salas Anzures 


Literatura


Mtra. Maribel García Martínez


06 de noviembre de 2022



A principios del siglo XVIII había una comunidad de indígenas que vivían muy tranquilos en un pueblo llamado Xochimilco. Su vida era muy pacífica, ya que tenían lo necesario para subsistir y festejaban sus tradiciones en armonía. Esta aldea tenía una característica muy particular; como parte de su fauna había unas criaturas que compartían historia con sus ancestros; se trataba de los ajolotes. Por tanto, ellos les tenían gran devoción a estos animales, tanto que no los cazaban ni comían, al contrario los protegían de cualquier amenaza. Entre estas criaturas había uno especial llamado Tayari que tenía habilidades que ningún otro poseía; a pesar de no poder hablar, se podía comunicar con los indígenas de una manera única, además de tener la capacidad de hacer crecer los cultivos y proteger al pueblo ante cualquier amenaza.

Durante el año de 1940, entre las comunidades corrían rumores de que el gobierno estaba visitando a los indígenas, con el fin de ayudarlos a desarrollarse, sacándolos de sus hogares y llevándolos a otra región del estado para que aprendieran español, así mismo para que los niños fueran a una escuela y además para que los adultos comenzaran a “mexicanizarse”, dándoles solamente diez días para preparar todo e irse. 


Esto llegó a oídos del pueblo de Xochimilco quienes en conmoción por la noticia se preparaban para dejar su vida atrás, pues tenían por seguro que no podrían hacer nada contra el poder del gobierno. Tayari al percatarse de la preocupación de su gente, decidió comunicarse con ellos a fin de motivarlos para permanecer en su hogar, pues los instó a no permitir que nada los alejara de sus tradiciones, ya que era un tesoro cultural que debía permanecer de generación en generación


Días después llegaron los agentes del gobierno y les dijeron que tenían que empacar todo porque los trasladarían a otro municipio. Sin embargo, el pueblo hizo caso omiso y no empacaron ni se prepararon para irse. Tayari se sentía contento de que su gente tuviera la valentía suficiente de defender sus tradiciones y no se dejaran llevar por el temor.


Finalmente cuando se cumplió el plazo, los agentes del gobierno regresaron para llevárselos. No obstante, se sorprendieron al ver que los habitantes no habían hecho caso del aviso, así que se enojaron muchísimo y comenzaron a reprenderlos severamente amenazándolos con sus armas. Esto alteró a Tayari y comenzó a pensar en cómo ayudar a su pueblo. Al mismo tiempo, se sentía culpable porque había sido él, quién los había convencido de quedarse. 

Una vez que la violencia se desató, Tayari se situó en medio de la pelea y usó sus habilidades para hacer los ataques de su gente más poderosos. Tras esto, los agentes se sorprendieron por el cambio repentino en la fuerza de los indígenas y decidieron retirarse por un momento de la pelea. 


En ese instante, uno de ellos se percató de la presencia de Tayari y sobre cómo el pueblo estaba alrededor de él como si lo estuvieran escuchando, descubriendo que el ajolote tenía poderes que hacían al pueblo más fuerte. Inmediatamente el agente se lo hizo saber a su equipo y decidieron que en su próximo ataque irían primero por el pequeño ajolote y después por los indígenas.


Después de unos minutos, los agentes los tomaron por sorpresa con una rafaga de balas que hizo que varios indígenas terminaron sin vida y otros pocos se escondieran en sus hogares. En la prisa de protegerse, ninguno se llevó a Tayari con ellos y cuando lo buscaron se dieron cuenta de que era demasiado tarde: se encontraron con el pequeño cuerpo del ajolote sin vida y con una herida de bala en el pecho cerca de su pata izquierda. Sin duda alguna, esto llenó de impotencia a todo el pueblo y salieron a pelear en defensa de su hogar y en honor de Tayari.


A pesar de su esfuerzo fueron derrotados, ya que algunos más murieron y los sobrevivientes tuvieron que dejar su hogar para ir a donde se les había planteado desde un principio. Una vez empacadas sus cosas, un joven del pueblo llamado Tanok rápidamente tomó el cuerpo de Tayari y lo enterró en un pedazo de tierra donde no había ningún tipo de planta o cultivo.


Unas horas después, el pueblo fue trasladado al municipio de Álvaro Obregón en donde se cumplió lo establecido: proporcionarles hogares y lo necesario para iniciar una nueva vida. Se sentían asustados porque extrañaban su hogar, estaban en un ambiente totalmente distinto de lo que ya estaban acostumbrados, y además estaban paralizados por la muerte de algunos de sus compañeros y del amado Tayari. Se preguntaban qué harían sin sus consejos y cómo iban a seguir conservando sus tradiciones.


Algunos días después, Tanok regresó a escondidas a Xochimilco para averiguar qué es lo que el gobierno estaba haciendo con lo que era su anterior hogar y lamentablemente se encontró con un panorama triste porque vio cómo sus antiguas casas ya habían sido demolidas. Sin embargo, se llevó una gran sorpresa: en el pedazo de campo en donde había enterrado el cuerpo de Tayari había crecido el árbol más frondoso que jamás había visto. Además, en el riachuelo que se había formado junto al árbol estaba lleno de ajolotes, más de los que había cuando vivían ahí.

Tanok se sintió sorprendido, y muy feliz regresó a Álvaro Obregón para contarle al pueblo todo lo que había visto. Cuando el pueblo lo escuchó, se emocionaron mucho y se llenaron de esperanza, porque sabían que ese árbol no pudo haber crecido en unos cuántos días, sino que se trataba de algo más: fue el cuerpo Tayari quien hizo crecerlo y que atrajo a los demás ajolotes. 


El pueblo tenía total confianza de que ese árbol simbolizaba que a pesar de todo, Tayari seguía ahí. Toda esta historia contribuyó al origen de la leyenda del árbol de Tayari, o como ellos le decían, el árbol de nuestros corazones, que era el significado del nombre en su lengua. Por eso los indígenas se llenaron de fortaleza y prometieron que nada iba a impedir que sus tradiciones se siguieran conservando de generación en generación. 


Como resultado, Xochimilco es un lugar muy reconocido internacionalmente, porque además de que está conformado de un gran patrimonio cultural, está lleno de ajolotes que Tayari ayudó a conservar mediante su árbol. De ahí se dice que uno de los cientos de árboles que hay en ese lugar es el de él y que siempre será recordado con mucho honor.


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